EL ECO DE LA ECONOMÍA EN EL ESPEJO DE LA MODA

Artículo
Por Valeria Quiñones
La moda no sólo dicta tendencias, también refleja la salud de la economía y revela cómo enfrentamos la prosperidad o la crisis. Cada colección y cada caída de precio revela cómo se mueve la economía en una sociedad que se adapta a los cambios financieros según lo que digan unos gráficos.
Antes de avanzar, es necesario saber que la moda no debe pensarse únicamente como algo superficial, sino como un lenguaje cargado de símbolos que responde a la realidad económica, pues la moda siempre ha sido un termómetro económico y cultural. Basta con mirar hacia atrás, a épocas de abundancia, los colores y las siluetas arriesgadas aparecen en las pasarelas y en las calles; en tiempos de crisis, el guardarropa se reduce a lo práctico, lo esencial y lo duradero. En el mundo de la moda existen teorías e hipótesis del por qué de esta relación entre moda y economía.
Índice de Dobladillo
Una de las teorías más célebres en este campo es el Índice de Dobladillo, popularizado en los años veinte. En él se plantea que las faldas más cortas coinciden con periodos de prosperidad económica, mientras que los largos aumentan cuando el mercado atraviesa dificultades. En un artículo publicado en The Vault, Jordan Landretti (2025) recuerda que “la economía tiene un impacto sustancial en las tendencias de moda, que se manifiesta en las siluetas, los colores y, por supuesto, en los precios de la ropa”. Ejemplos históricos abundan: la era del jazz y la euforia financiera de los veinte se tradujeron en vestidos cortos y brillantes; tras la Gran Depresión, los largos descendieron hasta la pantorrilla.
Lipstick Effect
Otro indicador que se mantiene vigente es el Índice del Lápiz Labial, acuñado por Leonard Lauder. En tiempos de crisis, cuando comprar un bolso de diseñador resulta impensable, los consumidores buscan pequeños lujos que les devuelvan un sentido de pertenencia y estatus. Por ejemplo: durante la crisis de 2008, las ventas de maquillaje se dispararon, un fenómeno que volvió a repetirse en la pandemia de 2020. La consultora internacional McKinsey & Company, reconocida por su reporte The State of Fashion, reportó que ese año las ventas globales de ropa cayeron un 30%, mientras que las categorías de ropa cómoda crecieron un 20%, confirmando que el consumo busca siempre vías alternativas.
Old Money Style
Si el dobladillo o el labial hablan de correlaciones entre crisis y estilo, el auge actual del old money responde a un fenómeno más complejo: la ansiedad económica. Este estilo, que privilegia la sobriedad y la ostentación silenciosa, parece transmitir seguridad en un contexto de precariedad. Como explica el periodista boliviano, José Criales-Unzueta, colaborador de medios como Vogue Business y i-D Magazine, estamos ante una forma de “lujo discreto”: una forma de parecer caro sin recurrir a logotipos exagerados, terminando siendo un refugio estético.
Pensar la moda desde la economía nos obliga a replantear cómo nos relacionamos con lo que vestimos. Ya no se trata solo de seguir tendencias, sino de leer en ellas las señales de nuestra realidad. Cada botón, cada dobladillo, cada color que elegimos es un signo de nuestra época y entenderlo es aceptar que vestirse nunca es un acto trivial. La ropa se convierte en un espejo de nuestras aspiraciones y limitaciones financieras.