CUANDO EL DISFRUTE DEJA DE JUSTIFICAR SU EXISTENCIA

Artículo
Por Aldana Suárez
Algunas veces, incluso sin darnos cuenta, organizamos nuestra vida alrededor de un puñado de hábitos: algunos elegidos con amor, otros heredados por necesidad, todos componiendo ese rompecabezas extraño que define quiénes somos y hacia dónde creemos que vamos. Inconsciente o no, todos tenemos una rutina, marcada por lo que nos gusta o por lo que necesitamos a largo plazo. Cada parte arma un rompecabezas enorme que dicta nuestro camino y los resultados que tendremos para ser mejores. Pero ahí, en el corazón mismo de ese engranaje diario, late una pregunta incómoda, casi insurgente en tiempos donde “hacer más” parece la única brújula aceptable: ¿una rutina debe ser completamente productiva? ¿Qué lugar les damos a esas pequeñas prácticas que no buscan perfeccionarnos, sino solo calmarnos, hacernos reír o permitirnos respirar?
Vayamos a la raíz, porque ahí está la clave: hablamos de “rutina” como si fuese un altar incuestionable, cuando según la RAE no es más que la costumbre de hacer las cosas de determinada manera y sin pensar. Y si nos preguntamos por el pasatiempo —esa palabra que suena a domingo, a siesta, a un rato prestado al mundo— nos encontramos con algo todavía más sincero: diversión o entretenimiento que sirven para pasar un rato agradable. Pasar un rato agradable… ¿no es casi revolucionario decirlo en voz alta? En época de métricas personales, de relojes que cuentan pasos y aplicaciones que evalúan nuestro sueño, “pasar un rato agradable” se volvió un acto de resistencia suave, una especie de militancia íntima contra la exigencia permanente.
La productividad tóxica —ese fenómeno inevitable del siglo XXI— nos vendió la idea de que cada momento debe justificar su existencia y que el descanso solo vale si mejora el rendimiento. Ser productivo es importante, sí, pero llevarlo al extremo puede volverse tóxico y muy negativo para el éxito. El problema no está en la productividad en sí, sino en su absolutismo: en esa mirada que convierte cualquier hobby en un emprendimiento potencial, cualquier paseo en un hábito optimizable, cualquier placer en una lista de tareas de autoexigencia. Es el mundo del “si te gusta sacar fotos, haz un portafolio”, del “si cocinas bien, abre un restaurante”, del “si corres, entrena para un maratón”. Como si disfrutar sin metas fuese un desperdicio de tiempo.
Pero los pasatiempos —los verdaderos, los que no pretenden nada— funcionan como una habitación privada dentro del ruido cotidiano. Son ese lugar donde puedes entrar sin que nadie te pida recompensas, sin esperar premios, sin pensar en números. Tejen un refugio que no es escapismo, sino una forma de volver a uno mismo, de recordar que nuestra existencia no se mide solamente en términos de logro. Y en ese silencio amable, donde el tiempo no se cuenta sino que se siente, emerge una verdad que suele olvidarse: no todo lo que te hace bien necesita propósito. A veces, simplemente, te hace bien.
Al final del día, reivindicar los hobbies no es romantizar la improductividad, sino devolver las cosas a su tamaño real: permitir que el deseo le gane espacio a la exigencia, que el disfrute recupere su dignidad, que el ocio deje de ser culpa y vuelva a ser un derecho cotidiano. Recuperar un pasatiempo es, de algún modo, recuperar una parte de humanidad. Es recordarnos que la vida —la verdadera, la íntima, la que no subimos a redes— también se sostiene en esos rincones que no rinden cuentas: la playlist que te salva un martes gris, la lectura que no subrayas porque no tienes que estudiar nada, la receta que pruebas solo porque te dio curiosidad.
Quizás ahí esté la respuesta que buscábamos desde el principio: no se trata de abandonar la productividad, sino de no permitir que nos devore. De entender que la rutina no es una cárcel si le abrimos las ventanas. Y que los pasatiempos —esos gestos sencillos que no quieren ser más de lo que ya son— nos recuerdan algo fundamental en un mundo lleno de prisa: que también estamos acá para disfrutar, sin metas, sin medallas y sin permiso.